Toda una vida: Las 5 mejores canciones de la era de Acuario

El verano del amor


5.- Foxy Lady, Jimi Hendrix

4.- California Dreamin´, The mamas and the papas

3.-San Francisco, Scott McKenzie

2.-House of the rising sun, The animals

1.- Piece of my heart, Janis Joplin

Bonus: Hello I love you, The doors

El producto nacional (A huevo)

Generalmente, cuando se habla de la historia del rock nacional, las nuevas generaciones empiezan a contar desde la década de los 80, tal vez con el nacimiento del rock rupestre o de plano con el de Rock En Tu Idioma. Una lástima, porque décadas atrás existieron discos que aún ahora suenan divertidos y arriesgados, incluso frescos.

Son también influencia no reconocida para la música moderna. Con The Mars Volta, por ejemplo, podemos escuchar reminiscencias de Bátiz y El Ritual. Tan sólo de los olvidadosGibson Boys se han inspirado las bandas rockabilly del nuevo siglo. Lo mismo Los Locos del Ritmo y otros pioneros, todos respetados por Lost Acapulco y otros surferos.
En México, el rock and roll “tuvo que abrirse paso entre toda la tradición musical existente entonces: danzones, boleros y chachachás”, según narra Teresa Estrada (Sirenas al Ataque) en su tesis Lenguaje e Identidad en el Rock Mexicano.
Fueron las grandes orquestas las que por vez primera tocaron rock and roll en nuestro país, entre ellas, la de Pablo Beltrán yPepe Luis, Venus Rey, Luis Arcaraz, los hermanos Reyes, los Tex Mex y los Xochimilcas. Para 1957 Gloria Ríos y Erika Carlsson se convirtieron en las primeras roqueras.
Los primeros fanáticos fueron chicos de clase media y la alta burguesía. La mayoría tenía el dinero para comprar los discos importados de Bill Haley y Little Richard, e incluso algunos formaron sus propios grupos.
Muchas de estas primeras bandas tocaban los éxitos del rock en inglés, pero adaptados al español, por lo que rolas como ‘Jailhouse rock’ se convertían en ‘El rock de la cárcel’ mientras que ‘Tallahassee Lassie’ se transformaba en ‘Chica Alborotada’.
A principios de los 60, las disqueras que habían firmado a esos primeros grupos promocionaron sólo a los cantantes: César Costa salió de Las Camisas Negras, Enrique Guzmán de los Teen Tops y Johny Laboriel de losRebeldes del Rock. “Quitaron de los intérpretes aquellos elementos que pudieran tener de rebeldes y los convirtieron en buenos y dóciles muchachos”, cuenta Tere Estrada.
Sin embargo, a finales de esa década llegó una nueva camada con Los Apson Boys, Javier Bátiz y Los Griegos, artistas venidos del norte que por su cercanía con la frontera se vieron influenciados por el folk y el country estadounidense.
Se volvió costumbre cantar en inglés y la tendencia hippie del “amor y paz” se adaptaría en México con los jipitecas. De tales transformaciones emergieron grupos como los Dugs Dugs, Love Army y Peace & Love.
En 1971 se llevó a cabo el festival de Avándaro, que congregó a miles y que luego serviría de pretexto para atacar al rock. Llegó entonces una época oscurantista, pues según Estrada “gobierno, policía, Iglesia, padres de familia, industria cultural, toda la sociedad mexicana negó durante más de una década la existencia de este fenómeno”.
Con todo, en esas primeras décadas de historia se grabaron diversos vinilos, tal vez mal producidos y sin reconocimiento masivo, pero que hoy en día son documentos musicales dignos de descubrir, algunos de ellos, con verdaderas sorpresas a lo largo de sus surcos...


5.- La revolución de Emiliano Zapata, Nasty Sex

4.- Can you tell?, Peace and Love

3.- Easy Woman, El Ritual

2.- A new day, Bandido

1.- El vuelo del ángel, Javier Batiz

EL boom de la literatura juvenil


La literatura sobre jóvenes ha existido desde siempre, pero por lo general han sido los adultos los que rememoran sus años de crecimiento; esto le da un carácter evocativo y la carga de elementos propios del mundo adulto. Se dice que ningún escritor resiste contar, de una manera u otra, su niñez o su adolescencia, así es que estos temas son abundantes. Sin embargo, en los años sesenta surgió en México una literatura sobre jóvenes escrita desde la juventud misma, lo cual se tradujo, en los mejores casos, en autenticidad, frescura, humor, antisolemnidad, irreverencia, ironía. Significó también un concepto distinto de literatura, pues la densidad literaria se daba a través del uso de un lenguaje coloquial y de numerosos juegos de palabras, de invención y declinación de términos, y, sobre todas las cosas, en un uso estratégico de elementos de la realidad cotidiana combinado con situaciones y personajes enteramente ficticios e incluso improbables desde un patrón realista. Éste fue uno de los grandes hallazgos de esta nueva literatura, pero también uno de sus máximos peligros, pues la intensa naturalidad que producía daba la impresión a lectores poco atentos o prejuiciados de que se trataba de una imitación de la realidad, algo sociológico o antropológico en el mejor de los casos, una “taquigrafía de la realidad”.
La primera novela sobre jóvenes fue Colonia Roma (1960), de Augusto Sierra, una novela horriblemente moralista sobre las pandillas juveniles de fines de los cincuenta. Después siguió La tumba (1964), de José Agustín, y Cuando los perros viajan a Cuernavaca (1965), de Jesús Camacho Morelos, que son de atmósfera existencialista-beatnik. Vinieron a continuación Gazapo (1965), de Gustavo Sainz, y De perfil (1966) e Inventando que sueño (1968), de José Agustín. Estos dos autores iniciaron un boom de literatura juvenil en México, pues, además de Los juegos (1967), de René Avilés Fabila, en 1966 la Editorial Diógenes abrió la serie de autobiografías de autores menores de treinta y tres años y en 1967 un concurso de primera novela del que salieron Pasto verde (1968), de Parménides García Saldaña (quien en 1970 publicó El rey criollo), Larga sinfonía en D, de Margarita Dalton, En caso de duda, de Orlando Ortiz, y Los hijos del polvo, de Manuel FarilI. Más tarde apareció Acto propiciatorio (1969), de Héctor Manjarrez (Lapsus, en 1970). En 1973 se publicó Las jiras, de Federico Arana. Todas estas novelas de una manera u otra se hallaban relacionadas con la contracultura. En 1969 Margo Glantz se lanzó al abordaje de un proyecto de Xavier del Campo y publicó la antología Literatura joven de México, que ante su éxito, se reeditó, con varios autores más, como Onda y escritura en México. En ambas ediciones, Glantz dividió el mapa de la literatura mexicana en dos grandes categorías irreconciliables: la onda y la escritura. Esta última era la buena, la decente, la culta, la artística, la que había que escribir, alentar y premiar; la onda era lo grosero, vulgar, la inconciencia de lo que se hacía, lo fugaz y perecedero, jóvenes, drogas, sexo y rocanrol. Con semejante reductivismo la doctora Glantz mandó a la onda al museo de los horrores y propició que el Establishment cultural condenara, satanizara y saboteara esa literatura.
Los restos de la literatura juvenil en la actualidad

La psicodelica moda de los 60

Está claro que los años 60 dieron lugar a una auténtica revolución en muchos aspectos. La moda fue uno de los ámbitos en los que se produjo un auténtico cambio. Surge el concepto de la ropa diferente, original, divertida y extravagante. El glamour y el lujo de años anteriores dejan paso a la psicodelia.
La cultura pop marca un camino distinto en la moda de aquellos años con el uso de estampados y materiales como el plástico. Se llevan las gafas grandes, de pasta y los cinturones anchos.
Pero la prenda con más éxito, que supuso uno de los hechos claves en la década de los 60, fue la minifalda, de la mano de Mary Quant.
Gran Bretaña, desplazando a Italia y a Francia, se transforma en el centro de la movida cultural. El resto del mundo centra su atención en el estilo del rock británico que se impone sin resistencias. El Mod look arrasa. Las mujeres se maquillan los ojos con gruesas líneas negras. El pelo se lleva corto o con cortes geométricos. También se lleva el pelo largo con postizos combinando todos los colores.
Twiggy, una cantante británica entra de lleno en el mundo de la moda transformándose en un ícono de la década de los 60. Su extrema delgadez deja atrás las sensuales curvas que reinaban en los 50. No hay que olvidar a los hippies, que en los últimos años de los 60 hacen su aparición. Se convierten en los impulsores de este cambio en la visión del mundo, que promulgaba la paz y el amor, y en la concepción de la moda. Son ellos los primeros en revolucionar la moda y crear estilos diferentes a lo visto hasta el momento.
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